| CARLOS
SALINAS Y YO LUIS GUILLERMO FRANCO 20 de mayo de 2009
Tenía
apenas ocho años de edad y acudía a mi primer mitin. En esa época me entusiasmaban los
relatos en alusión a Luis Bartolo Franco Olarte, otrora presidente municipal de Papantla.
El antecedente político más cercano que tenía, era mi bisabuelo, de ahí mi entusiasmo
por acercarme a la atmósfera que contaba como eje relumbrante la presencia de un futuro
Presidente de la República. No recuerdo con exactitud el horario en que se dio esa gran
concentración en el parque central de mi natal Papantla, pero si tengo presente que la
luz del día feneció y el candidato llegó cobijado por la noche. Ese día
era testigo de una ceremonia faraónica. Banderines, porras, tambores repletos de barbacoa
de res y flanqueados por mesas con cerros de tortilla y bandejas con salsa. En la parte
superior del mural de la cultura totonaca, fueron colocadas bambalinas de lo que ahora
sé, eran las manifestaciones de apoyo de los sectores y organizaciones. Toda
la militancia tricolor del Totonacapan se dio cita para escuchar al otrora Secretario de
Programación y Presupuesto. Sería una muestra impertinente de arrogancia y mitomanía si
les comento el contenido del discurso, pero mi memoria recuerda el timbre en ocasiones
tipludo de Carlos Salinas de Gortari dirigiéndose a las personas que abarrotaron la zona
del parque central Israel C. Téllez. Un día
anterior le había pedido a mi abuelita que me llevara porque quería conocerlo en
persona, pero hasta ese momento solo podía escucharlo debido a las proporciones de mi
estatura infantil contra miles de adultos que tapaban mi visión. De repente sobrevino la
actitud astuta de mi abuelita, la Güerita Franco y me tomo de la mano para
conducirnos a un costado del templete. El intento fue infructuoso, porque la multitud no
permitió que llegáramos a la escalera por donde descendería. Entonces nos dirigimos a
la esquina contraria del parque, y así sobrevino la anécdota. Un camión
se encontraba estacionado enfrente. La disyuntiva era si el candidato lo abordaría o se
iría en otro vehículo. Así vino la pregunta a un tipo que se encontraba al pie del
transporte, ataviado con una guayabera y un auricular: Mi nieto quiere saludar al
candidato, ¿sabe por dónde saldrá? Imagino que era un miembro del Estado Mayor
Presidencial, discretamente y sonriendo dijo: por aquí señora, no se muevan, aquí
lo verán. Al cabo de unos minutos sobrevino la multitud a ese extremo y nosotros a
la entrada del camión. Cuando se abrió el circulo que protegía a Salinas, éste se
dirigio al vehículo, se encontró con mi abuelita: usted siempre fue mi candidato,
mi nieto quiere conocerlo. Yo dí un
paso entusiasmado y de repente me cerraron el camino los del Estado Mayor, como si un
estudiante de tercer año de primaria trajera una granada o un revólver. Escuché la
orden: Dejen que pase el niño. Se abrió la brecha, me acerqué a él y me
extendió su mano: ¿Cómo te llamas, en que año vas? Respondí y vino su
última petición con una sonrisa: Dile a tus compañeros que le comenten a sus
papas que necesito de su apoyo, que quiero ser Presidente de la República para ayudarlos.
Me extendió su mano para despedirse. Independientemente
de los juicios y sospechas que la historia le otorga a Carlos Salinas de Gortari, admito
que esa anécdota dejo en mi una profunda huella, impresionado por quien empleó durante
su ejercicio de gobierno, una formidable estrategia de comunicación para superar su
cuestionada legitimidad. A mi me pasó de noche la operación manitas y la
rebelión del Frente Democrático Nacional, insisto, era un niño. No sabía el parteaguas
histórico que representaba la dupla Cuauhtémoc Cárdenas- Porfirio Muñóz Ledo. Tampoco
tenía conocimiento del mito de poder que representaba un marroquí de nacimiento pero con
nacionalidad francesa-española y recientemente mexicana: Joseph Marie Córdoba Montoya. No estoy de acuerdo es que Carlos Salinas sea un gran movedor de la política y economía. Él ha dicho que se arrepiente de elegir a Zedillo. Pero ojo, el verdadero manejo de la política económica ha quedado en el equipo que forjó Zedillo y no Salinas. Francisco Gil Villegas fue el auténtico Presidente Bis desde la Secretaría de Hacienda. Agustín Carstens se forjó desde el zedillismo. Guillermo Ortiz, actual Presidente del Banco de México. Luis Téllez, con reputación maltrecha, pero preside la Bolsa de Valores. José Angel Gurría Treviño es Secretario General de la OCDE desde el 2006. Ernesto Zedillo es un reconocido economista dentro de la academia mundial. Está claro, Salinas esta a menudo en escándalos, pero el poder efectivo y vigente es el del otrora compañero de aulas de Inocencio Yáñez en el politécnico nacional.
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