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PALABRA DE ANTÍGONA

Es Igualdad no equidad lo que garantiza la CEDAW

slovera.jpg (2852 bytes) Sara Lovera López

saralovera@yahoo.com.mx

Este viernes 18 de diciembre la Convención contra todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adoptada por 185 países que sesionan en la ONU, cumple 30 años.

Las mujeres, no obstante, siguen discriminadas y oprimidas en cuestiones fundamentales como la libertad y los derechos humanos. Son botín de guerra, carecen de ciudadanía completa y viven los escenarios más descarnados de violencia, sometimiento y esclavitud. Su cuerpo está controlado.

En América Latina –la región más desigual del planeta- según la abogada costarricense Alda Facio, se yergue sobre las mujeres una conspiración conservadora que está dando al traste con los tímidos avances y lo más grave es que el movimiento feminista adoptó la política de equidad, acríticamente, sin darse cuenta que contravenía lo fundamental de la CEDAW que fue creada para garantizar la igualdad.

Mientras en nombre de la Convención se ha impulsado a las mujeres, sistemática y crecientemente a los lugares de la política, donde se toman las decisiones, la gran pregunta que hoy se hicieron un puñado de expertas reunidas en Buenos Aires, Argentina, es si ello ha servido para garantizar los derechos sexuales y reproductivos.

Para las mexicanas la prueba negativa y tremenda está en el aval que Beatriz Paredes, un ejemplo de mujer “feminista” en el poder, ha convalidado con su silencio que esos derechos estén en la picota y devastados. Paredes quiere ser candidata a la presidencia y ya no halla la forma de justificarse.

Los 30 años de la CEDAW, un aniversario señero, servirá para examinar qué tanto las sociedades del mundo entero conocen y reconocen a esta convención definida por la brasileña Silvia Pimentel como una Carta Magna de los Derechos Humanos de las mujeres y si existe en alguna parte voluntad política para acabar con la desigualdad real, cotidiana, definitiva, entre hombres y mujeres.

Para Gladys Acosta, directora para América Latina del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), promotora entusiasta de la reunión de Buenos Aires, afirma que la CEDAW se propuso, hace 3 décadas, conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, “ese derecho es una deuda pendiente, que ya no tiene moratoria”.

Es evidente para esta funcionaria de Naciones Unidas, que esa igualdad debe cristalizase en hechos, porque la “igualdad es un concepto real y concreto, es un derecho. Y las mujeres del mundo no pueden esperar más”.

La evaluación del mandato de la CEDAW que en países como México y muchos otros es ley suprema, pondrá en evidencia que los gobiernos no cumplieron y con ello el atraso democrático, de justicia y reconocimiento a las mujeres.

En ese examen los hechos, las cifras, las experiencias de las mujeres van a salir a flote. ¿Quién pretenderá engañarnos? Lo más grave es que muchísimas personas, como ya he escrito, no conocen el contenido y alcances de la Convención, pareciera secretamente guardada por el funcionariado de los Institutos de las Mujeres, a tal grado que ha sido difundida con timidez y es defendida por el movimiento feminista sin profundidad, menudean sus ediciones en todos los idiomas y en miles de carteles o cuadernillos, pero no se le promueve realmente.

Surgió en 1979, cuatro años después de la Primera Conferencia Internacional de la Mujer, fue el resultado de 30 años de trabajo de diagnóstico que hizo la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, impulsada, entre otros países por México, -tremenda paradoja- y eso significa que la Convención era resultado de evidencias intachables.

Aún cuando México formó parte de esa Comisión, contradictoriamente fue el último país en crear un mecanismo para hacerla efectiva, es decir, nuestro país fue el último en América Latina en crear el Instituto nacional y, al mismo tiempo en 1974, puso en la Constitución la igualdad entre hombres y mujeres. Pero nada más, quedaron y siguen quedando grandes vacíos y lagunas legales, en la práctica se admite la desigualdad y se soslaya con indiferencia la discriminación.

He presenciado cómo funcionarios y funcionarias de todos los niveles y todas las clases, todavía 60 años después del nacimiento de la Carta Universal de los Derechos Humanos se preguntan si no será excesivo que las mujeres reclamen derechos de jure y de facto, que ya son reconocidos en todas las leyes y en todos los discursos.

Hay quienes todavía piensan que esos reclamos, que Gladys Acota dice que no pueden esperar, son producto de influencias extranjeras o caprichos de hembras que se han salido de su papel principal: el de madres y esposas.

La esperanza, en todo caso, como dicen las expertas, es que con motivo del 30 aniversario de la CEDAW se pueda concienciar a los gobiernos, hasta ahora, tremendamente contradictorios y muy preocupante que con frecuencia sean omisos.

Justo ahora cuando en México estamos muy preocupados por la seguridad, cuando no cesan los asesinatos de mujeres en todo el territorio, cuando se llenan las bocas de los intelectuales en busca de una izquierda responsable, es cuando habría que examinar si han conectado en sus cerebros que eso no puede examinarse, sin considerar que la mitad de la población vive discriminada.

Me pregunto si puede hablarse de democracia echando por tierra la división entre el Estado y la Iglesia, si los diputados y diputadas de 18 entidades del país pueden sencillamente echar por tierra el derecho a interrumpir un embarazo, si es de admitirse avanzar en los procesos electorales, cuando se niega la libertad a la mitad de las votantes; si se puede hablar de recuperación económica, cuando la mitad de la fuerza de trabajo es vejada y obligada a jornadas laborales de 18 horas, porque se las obliga, real y simbólicamente a ser las únicas responsables de su prole.

En fin, los Estados estarán examinados y reprobados, como las chicas y los chicos a los que la prueba Pisa los ha descalificado por no saber leer y escribir correctamente. Ahora se entiende porque no se ha leído y entendido la Convención contra todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que alegremente nuestros gobiernos firmaron y se comprometieron a cumplir.

Esto es claramente, como diría una amiga querida, una rémora del sistema educativo nacional.

 


Un típico albazo

 

slovera.jpg (2852 bytes) Sara Lovera López

saralovera@yahoo.com.mx

 

El 10 de mayo de 1986, el entonces presidente Miguel de la Madrid con su “mano amiga”, que poco antes había ofrecido a los obreros mexicanos, de un plumazo dejó sin empleo a 10 mil obreros de la Fundidora de Monterrey, la medida impactó la sobrevivencia de 50 mil personas en la Sultana del Norte.

    La madrugada del 9 de mayo, las puertas de la Maestranza en Monterrey fueron cerradas de modo que no pudieran ingresar al nuevo turno los obreros. Se dieron contra la pared, no lo creían, eran militantes de la sección 67 del Sindicato Minero Metalúrgico, una de las más combativas.

    Aunque, lo de la Maestranza fue un tremendo golpe a la inteligencia que todavía me hace temblar, no es comparable con lo del sabadazo del 10 de octubre, donde sin ambages se usa a la fuerza pública para cegar 95 años de historia laboral, la fuerza pública utilizada contra quienes se  oponen a Felipe Calderón, bayonetas y violencia institucional para quienes levanten la cabeza.

    ¿Qué sigue?

    El impacto en Nuevo León fue tremendo. Un año después las liquidaciones se habían hecho agua. Un digno obrero se había convertido en el dueño de un depósito de cervezas, por ejemplo. Unas 50 mil personas habían perdido su medio de subsistencia. Nadie me lo contó, vi la desesperación dentro de las casas, documenté los suicidios y también el alcoholismo y la desgracia.

    ¿Qué no aprenderemos? El golpe, el asalto, el albazo contra los trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro  –la que nacionalizó Adolfo López Mateos en 1963–  se ha cobrado en octubre 2009 el último bastión del sindicalismo de la Revolución Mexicana.

    Nadie puede negar los vicios, las dificultades, los desniveles en productividad ¿Pero era sólo responsabilidad de los dueños de la materia de trabajo? O simplemente se trata de que tengamos en Los Pinos a un vengador al estilo de la Alemania fascista que persiguió su propia estirpe, su filosofía y su arte, su puntal en el mundo, el de la  civilización.

    ¡Y claro, faltaba más¡ Ahí estaban en la pantalla los testaferros, los televisos que el miércoles sesudamente se adhirieron al asalto en que se ordenó la extinción de la empresa. Convalidando los hechos que nos devuelven imágenes de terror: los comandos de la Policía Federal que arrancó de sus lugares de trabajo a quién sabe cuántos trabajadores y trabajadoras. Y se habla de algunas acciones violentas.

    ¡Al fin, había que castigar a los trabajadores de esta manera, enviándonos un mensaje perverso! El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) cuyos militantes  –obreros y empleadas de todas clases– está en su último respiro. El SME que cometió el grave pecado de encabezar en 1913 la primera y única huelga general en México, cuyos líderes fueron apresados por Venustiano Carranza, esos de ayer y de hoy, a quienes se les formó un juicio de guerra y se les amenazó con fusilarlos.

    Es, sin duda el poder, la fuerza del Estado que no dialoga, porque en su infinita incapacidad no tiene más que un general sin uniforme en la casa presidencial. Un alfil parecido a Fouchè con el nombre de Genaro García Luna. Una base social: los medios de comunicación, donde concursan las periodistas como Denisse Marker que explicó muy bien que la Compañía de Luz era inoperante y que costaba al erario público 30 mil millones de pesos.

    Y fue asalto  –igual que en Honduras– porque se hizo sin aviso, igualito que a Manuel Zelaya lo sacaron de su cama. Sabadazo, dice un editorial de un diario “al mejor estilo del priísmo”.

    Se trata en síntesis de un presidente bajo sospecha que se declaró presidente del empleo que dejará sin éste a 44 mil trabajadores, algo así como 220 mil personas sin sustento, en acciones bajo la sombra de un sábado por la noche, cuando la población descansa, en fin de semana, cuando no se puede instalar de inmediato el Congreso y donde había un acuerdo.

    ¿De verdad quiere ser presidenta de la República Beatriz Paredes, la flamante dirigenta del PRI? Una más en la cadena de complicidad o Manlio Fabio Beltrones, el hombre tras el trono.

    La muerte anunciada del SME, la encabezó Carlos Salinas de Gortari, quien una noche de discusión salarial les dijo que terminaría con ellos, allá por 1987, cuando el sindicato hizo una huelga calificada de administrativa y que no suspendió ni un segundo el fluido eléctrico.

    Ahora ¿temían la violencia? Tras arrebatarles la famosa toma de nota. El SME  sin representación legal, alegarán en el proceso que sigue.

    Éste fue un asunto preparado por el porro Javier Lozano Alarcón, a cargo de la Secretaría del Trabajo. No hay que olvidar su guerra contra los mineros, digo los trabajadores golpeando su institucionalidad.

    Esto es ya una provocación, un golpe de mano, calificaron los dirigentes del SME. ¿Qué sigue? ¿Quién? y ¿en qué otro sindicato se cerrará la puerta? Los señores del poder son como el zar de Rusia en 1905 o como Salinas de Gortari: ni ven ni oyen. Se les puede aparecer un espanto.

    El decreto que extingue a Luz y Fuerza del Centro, establece que todos los trabajadores serán liquidados de acuerdo con la ley, dicen los funcionarios que podrán recontratarse con otra empresa, la Comisión Federal de Electricidad; dicen que están seguras las pensiones de los jubilados, eso dicen ¿quién les cree? Es apenas el comienzo de una gran desgracia a la que habría que oponer ciudadanía y participación.         ¿Quién dice yo?

 

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