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Mujeres y política

sjarquin.jpg (5357 bytes) Soledad JARQUIN EDGAR

Abuso sexual imprescriptible

Nada se hace de la nada. Después de muchos años de picar piedra finalmente esta semana el Congreso de Oaxaca decretó la imprescriptibilidad de la acción penal del abuso sexual infantil. La iniciativa tiene más o menos diez años rondando por las diferentes legislaturas, propuesta entonces por el sexólogo Mario de Jesús Arias Cruz. Que bueno que la idea fuera retomada por el presidente de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos de Oaxaca, Heriberto Antonio García, y que finalmente las y los diputados hicieran caso a esa vieja solicitud que por temores personales y no por el compromiso a servir -que debiera regir el quehacer del legislativo- ya existe una ley que proteja a las niñas y los niños víctimas de la violencia sexual en Oaxaca.

Tenemos que celebrar sin duda este avance legislativo que protege a la niñez oaxaqueña, lo que es criticable es el oportunismo con el que actúan algunas personas y lo digo por el comunicado del prensa de la CDDHO que se hace una fiesta con músicos prestados. Para avanzar tenemos que darnos cuenta que nadie inventa el agua tibia ni descubre el hilo negro (reitero), que nadie debe sentirse como héroe cuando lo que tienen que hacer es cumplir con su deber.

Estas reformas al Código Penal permitirán que aquellos infantes que sufrieron violencia sexual puedan denunciar a sus agresores aún cuando el tiempo haya pasado, porque como es sabido este tipo de agresiones deja en la niñez una profunda e imborrable huella que los lacera a lo largo de toda su existencia.

Eso es lo que tenemos que celebrar y no a quién se dice “el promotor” de la iniciativa. Celebremos que cuando lleguen a la edad adulta, los que antes fueron menores de edad puedan enfrentar a sus agresores, denunciarlos y que se les haga justicia tras todos los años de miedo e impunidad en la que vivieron no uno, ni cien sino cantidades inimaginables de niños y niñas, porque lo peor de la violencia sexual contra la infancia y las mujeres es que es un delito mucho más común de lo que creemos y deseamos como sociedad y tiene una alta frecuencia de impunidad.

Sin aplaudir a servidores públicos o legisladores, lo fundamental es el resultado del trabajo, que no debería tener etiquetas, como ahora sucede. Tal parece que estas personas a quienes se les pagan sueldos más que decorosos, alimentan su ego por lo que dicen de ellos los medios de comunicación y no lo que piensa la ciudadanía de su trabajo.

Celebro la decisión del Congreso, finalmente en Oaxaca y tras años de picar piedra –como decía antes- el delito siempre oculto y pasado por las amenazas, como es la violación sexual podrá ser castigado al paso de los años, nadie debería quedar a salvo de recibir castigo. Lástima que anteriores legislaturas no lo entendieron así.

Este tipo de celebraciones tendríamos que hacer las mujeres, a quienes por el contrario se les conculcan sus derechos debido a intereses políticos, muy ajenos a la vida de las ciudadanas, a quienes siempre se les ha visto como menores de edad y por tanto, otras personas y otros poderes visibles y no visibles, se sienten obligados a tomar las decisiones por ellas. Tal y como lo hacían y siguen haciendo padres, esposos, hijos y hasta los suegros, no sólo en poblaciones rurales e indígenas, también en zonas urbanas.

Me refiero a decisiones que tendrían que ser simples como asistir a la escuela, tener un trabajo y, en el peor de los casos, asistir al médico lo que en ocasiones termina por costarles la vida. Reflejo de ello son las estadísticas. Muchas mujeres siguen muriendo de enfermedades prevenibles como el cáncer cérvico uterino o durante el periodo de maternidad, por citar dos de muchos ejemplos.

Repito, las mujeres tendríamos estar celebrando que en las legislaturas priistas –que todavía son mayoría en las entidades del país- no se hubieran decretado las leyes antiaborto y digo priistas porque fueron sus antecesores los que favorecieron en mayor medida los avances legislativos en materia del derecho a decidir de las mujeres, claro cuando todavía no le debían nada a la derecha y no respondían a mandatos del oscurantismo.

Sin duda, nuestra aspiración es que alguna vez en el siglo XXI contemos estos episodios como cosa del pasado y de las malas noches para el desarrollo de México y el avance de la igualdad para las mujeres. Hoy, las decisiones del PRI tendrán un costo político al menos en las mujeres que ya se dieron cuenta cómos nos han arrebatado algunos de nuestros derechos. Por eso resulta irrisible cuando el legislador federal Heliodorio Díaz Escárraga, gasta varios miles de pesos, tal vez millones, para publicitarse para desacreditar la posible alianza de partidos políticos de oposición en busca de la gubernatura estatal, diciendo que no es concebible cómo dos partidos distintos (PRD y PAN) pueden aliarse.

Así como Díaz Escárraga, a quien le tocó hacer el papelón de su vida esta semana, no entiende cómo el PRD y el PAN podrían llegar juntos con otros partidos políticos a un acuerdo y hacer frente común al PRI-Verde Ecologista (no olvidemos su añadidura) en el proceso político estatal de este 2010 en busca de la gubernatura en Oaxaca, de la misma manera las mujeres no entendemos cómo hacen acuerdos el PRI con el PAN (que también dicen que son distintos ideológicamente) para fastidiar los derechos de las mujeres. En algo estamos de acuerdo, nadie entiende esos acuerdos oscuros y retrógrados.


Mujeres y política

sjarquin.jpg (5357 bytes) Soledad JARQUIN EDGAR

Los sismos

Desde el día en que ocurrió el terremoto en Haití duermo menos que de costumbre. Oaxaca tiene su propia producción de sismos, el jueves El Imparcial reportó que en esta entidad ocurren el 35 por ciento de los sismos que se registran en el país y sí, aunque desde el día que la tierra tembló el 19 de septiembre de 1985, decimos que México es otro en la cultura de prevención, pero las medias como por las generalidades se oculta la realidad.

Recientemente en la Casa de la Ciudad, un espacio cultural que existen en la capital oaxaqueña, hubo una muy buena exposición sobre cómo quedó derruida Oaxaca y algunos municipios conurbados en 1931, cuando un sismo de 7.8 grados en la escala de Richter la sacudió y en nuestra memoria reciente está todavía aquel temblor del 30 de septiembre de 1999 de 7.4 grados. Sin embargo, hacemos –como sociedad y como gobierno- muy poco para enfrentar esas catástrofes.

Hace apenas unos años se invirtió una millonaria suma del erario en unas alarmas sísmicas que se quedaron al paso de un breve lapso como verdaderos monumentos a la corrupción y peor aún en la impunidad, nadie ha sido llamado a cuentas, nadie fue detenido, como siempre se apostó a la corta, muy corta memoria, al olvido. Frente a esa impunidad la población oaxaqueña no puede ser avisada y así mitigar los daños, principalmente humanos.

Stuart Sipkin, geofísico del Servicio Geológico de EEUU, este sábado señaló que “un promedio de entre 16 y 18 sismos de 7 grados y más de magnitud ocurren cada año en algún punto del planeta, pero la mayoría en zonas escasamente pobladas (El Universal), de ahí la importancia de las alertas sísmicas. En Oaxaca, las estadísticas no mienten. El siglo pasado ocurrieron 15 temblores de más de siete grados y otros 10 de entre seis y siete grados.

La tragedia de Haití por eso me hace dormir tan poco, quizá luego recupere un poco más el sueño y vuelva a dormir esperando que esa noche no nos sorprenda un sismo, como los que aquí ocurren tan comúnmente, todo mientras apostamos al perdón ciudadano, que llega con el silencio o al menos así se interpreta.

Hoy, en Oaxaca, estamos más apurados frente a los sismos políticos y los huracanes electorales, ni siquiera los frentes fríos nos han hecho detener la marcha, por el contrario el mundo político sigue pisando fuerte el acelerador frente a lo que ya se instaló, mientras el resto de la población sigue mirando el desenlace de la telenovela política de nuestros días y viendo con cierto temor lo ocurrido en Haití, pero seguimos sin prevención real.

Los sismos tendremos que vivirlos sin las alarmas convertidas en monumentos a la corrupción, alguien debería colocarles la placa de la vergüenza, con los nombres y apellidos de los autores del robo intelectual y material, que a diferencia de muchas y muchos de nosotros seguramente duermen tranquilos porque carecen de vergüenza y están llenos de cinismo.

Esto que pasa en Oaxaca pasa en todo el país. Ahí están las mujeres asesinadas en Cuidad Juárez y las activistas pro derechos humanos, a las que se suman otras muchas mujeres a lo largo y ancho del país. Hacia el sur de México poca gente se acuerda de la tragedia de la guardería, donde el número de víctimas mortales llegó a más de 40 niñas y niños y otros muchos vivirán el resto de sus días con las cicatrices grabadas en sus cuerpos. En el mismo Oaxaca, a excepción de sus familias, ya casi nadie se acuerda de Virginia y Daniela Ortiz Ramírez desaparecidas el 5 de julio de 2007, cuyos casos nadie investiga y en la misma región triqui hay olvido a las locutoras de la Voz que rompe el Silencio, Teresa Martínez y Felícitas Bautista. Quién se acuerda de la señora Ernestina Ascencio quien fuera torturada sexualmente por soldados. Son muchos los crímenes que se cometen contra las mujeres en México para quienes la justicia no existe. Sus vidas son sismos que nos hacen mirar y luego buscamos cómo olvidar.

Hace unos días nos enteramos que en Tabasco preparan la iniciativa para la ley antiaborto, la embestida sigue y de cómo existe un pleno reconocimiento de la violación a los derechos humanos, principalmente de las mujeres, por parte de elementos del ejército mexicano pero no pasa absolutamente nada, la impunidad es la mejor arma de los hombres del poder.

Las descargas mediáticas son letales, sufrimos el impacto y olvidamos. Mientras vemos la tragedia de Haití y vemos la realidad de las mujeres, recordamos a cuenta gotas la tragedia de ese país sumido en la pobreza y los golpes de estado en los últimos años, hay quien todavía recuerda cómo los cascos azules de la ONU utilizaban sexualmente a niñas por un miserable pago y eso es todo.

Todo esto es resultado de esa “nueva sociedad” donde cada vez estamos más cerca del otro, gracias a las tecnologías de la comunicación e información pero vivimos la individualización, gracias a la competencia y el mercado capital voraz que nos enseña a competir y a derribar al que está a lado, incluso a pasar por encima si es necesario para alcanzar el objetivo final, ser parte del producto.

La individualización nos lleva a no ver al resto de la población, la que está cerca o la que está lejos, y si la vemos es a través de medios como la televisión, lejanos, desconectados de nosotros. Ignoramos o pretendemos ignorar fenómenos como la violencia que Felipe Calderón echó a andar en las calles y que ha costado la vida a varios cientos de hombres y mujeres en el llamado fuego cruzado, cuyas familias no reciben ni un “usted perdone”.

Es el mismo problema que nos empuja a mirar el feminicidio como un asunto que pasa en “ciertos” sectores de la sociedad y no dentro de nuestras familias, porque ahí sólo se grita de vez en cuando; una importante capa de la sociedad mexicana sigue pensando que la defensa de la libertad a decidir de las mujeres sobre sus cuerpos es un asunto que las feministras deben resolver por ellas mismas y, peor aún, cuando se cree como lo piensa la jerarquía católica, la derecha y los priistas que la decisión no es de las mujeres sino un asunto político que se debe imponer con energía persiguiendo y encarcelando.

Las sociedades tenemos que mirarnos de otra manera. Tenemos que empujar para que la corrupción no haga que las alarmas sísmicas sean elefantes blancos, debemos sensibilizarnos para ser más ciudadanos y menos espectadores frente a la impunidad que envuelve los casos de Ciudad Juárez, Hermosillo o la zona Triqui de Oaxaca y debemos actuar para que se devuelva a las mujeres su derecho a decidir que le ha sido arrebatada por fuerzas que creímos no gobernaban en México: el conservadurismo priista y la derecha persignada de los panista, el patriarcado y la misoginia.

¿Por qué? Porque si seguimos creyendo en el proyecto que nos individualiza, pronto estaremos más solos y solas que nunca frente al poder. Veamos qué ha pasado en Haití y no dejemos que solos resuelvan su tragedia a expensas de los poderes que buscan arrebatar lo único que hoy tienen: su dignidad y su libertad, lo mismo que tenemos que cuidar en México.


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sjarquin.jpg (5357 bytes) Soledad JARQUIN EDGAR

Los buenos deseos para 2010

El comienzo de cada año despierta siempre la esperanza que el futuro puede ser mejor, al menos sabemos que no todo cambia pero algo se transforma cuando esas innovaciones las hacemos desde nosotros y nosotras mismas, lo importante es que lo que hagamos en lo individual sea benéfico en lo colectivo. Porque efectivamente uno de los problemas actuales que enfrenta la humanidad es y tiene que ver con la falta de conciencia social y el rápido aumento del ego. El caso concreto lo tenemos en muchos de nuestros actos individuales pero el reflejo cotidiano está en la mayoría de quienes nos gobiernan, entre quienes se olvidó el principio del ejercicio público en pro de la sociedad y no en pro de una sola familia, la suya.

Pero tengo otros deseos para el 2010, los clásicos y los no tan clásicos para este año electoral que se auguró lleno de desastres y donde el mundial de futbol, más que otra cosa en la vida, hará que unas tres cuartas partes de la población se olvide de los impuestos, de la escalada de precios, de la violencia, la corrupción, el fraude y sobre todo provocará lo peor la indiferencia al proceso electoral. Así que estos son mis mejores deseos:

AMOR del bueno, del que se da sin violencia ni condiciones. Del amor verdadero que no mata a nadie sino del que alivia. Amor para reducir la misoginia, la violencia feminicida y el feminicidio. Amor para que los políticos y aspirantes a ocupar puestos de elección popular hablen sin mentiras, para que solo prometan lo que pueden cumplir al electorado.

Que en cada una de las personas que trabajan tengan por ello el pago a su trabajo en

DINERO suficiente para comprar las cosas materiales necesarias. Que cada vez que compre algo piense cuánto sirve en realidad y cuánto puede afectar no sólo su capacidad de adquirir un producto sino a la naturaleza cuando lo deseche. Qué cuando un político o funcionario reciba su sueldo sepa que lo ha obtenido con el sudor de su frente y sólo de ahí. Que con ese dinero pueda vivir “con principios que lo son todo” como afirmó don Benito Juárez y para quienes no saben a qué principios se refería sólo enumero dos: honradez para quien ejerce el poder y dignidad para sus familias.

AMISTAD ese privilegio de tener amigos y amigas que puedan hablar con usted de frente sin temor a nada. Que no olvidemos nunca que una buena amiga o amigo son esos arboles de sombra fundamentales en nuestras vidas. Que la clase política se rodee de buenas sombras.

SALUD, que podamos acudir al sistema de salud para prevenir enfermedades no sólo para resarcir los daños que nos causan nuestras propias desatenciones. Que la salud es todo y que sin ella no tenemos nada.

CONFIANZA para que devuelvan los derechos que les arrebataron a las mujeres en 2009, como si las y los legisladores fueran sus tutores, como si ellas fueran menores de edad. Peor aún como si fueran ellos vigías del clero no sólo mexicano sino desde el Vaticano. Que ojalá pudieran darse cuenta de sus errores.

SABIDURÍA para contribuir en la medida de nuestras inmensas posibilidades a ser una sociedad más igual para las mujeres y que la otra mitad, compuesta por los hombres, pueda reconocer en ellas su contribución social. Sabiduría en quienes hacen política para que puedan pensar en el beneficio colectivo antes que en el beneficio personal.

LIBERTAD para decidir, actuar, crear, pensar, trasladarse, gritar, hablar, leer y caminar por el terreno que respete los derechos de todas las personas, incluso de quienes piensan y actúan diferente. Porque esa diversidad crea “el principio de no intervención como una de las primeras obligaciones de los gobiernos, el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones”, como dijo Juárez.

PASIÓN para emprender las tareas cotidianas y las que nos llenan de sorpresas cada día. Pasión en las buenas políticas públicas para actuar a favor de lo que es colectivo como la educación, el sagrado derecho de pensar como planteó Juárez, “fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.

TRABAJO para tener una forma digna de vivir. Trabajo para que no reinen el ocio ni los malos pensamientos, sobre todo entre quienes piensan que teniendo el poder pueden actuar a su arbitrio y se pierden en las peores causas.

PAZ verdadera, porque ningún pueblo puede vivir en paz cuando ésta ha sido fundamentada en la guerra. “Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro”: Benito Juárez.

HUMILDAD para reconocer que otras personas pueden ser mejores que nosotras y nosotros. Esto es especial para quienes van a competir en el proceso electoral. Donde como señala Benito Juárez “la democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”. Todos los pueblos que no fundamentan su democracia en la libertad no pueden entonces construir ese destino.

JUSTICIA social para que la igualdad sea una realidad y no una utopía.

VISIÓN para descubrir que la felicidad no es una estación final sino el vagón en el que viajamos.

Estos son los deseos para el año que apenas comenzamos, ojalá que junto a los suyos podamos hacer un recuento positivo al final. ¡Felicidades!

 


 

 

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