EL JEJÉN

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Palabra de Antígona

Sara Lovera

Agradezco a todas y todos, por su paciencia en 2010, por su lectura, porque Palabra de Antígona consigue ese diálogo privilegiado en esta red. Esta es la Antígona de la semana 52 de 2010, gracias por todo y feliz año nuevo. Espero que como todas las semanas difundan, publiquen, critiquen y hagan puentes para mejorar en 2011. Gracias

2010: Suma cero

Con los días y noches frías que provoca el cambio climático en todo el país, la muerte evitable de las parturientas, la disminución de los derechos de todas las personas y un latente vacío de acciones y contenidos a favor de las mujeres termina en México el 2010.

Un año tétrico, de miles y miles de ejecuciones e impunidad. En promedio, cinco mujeres fueron asesinadas diariamente en el país, una de ellas en Ciudad Juárez; millones sufren de violencia en su casa y cientos de bocas vuelven a callar. Para rematar continuó la ofensiva de la derecha contra los derechos sexuales y reproductivos.

En 2010 no hubo claridad en las acciones y los recursos, por ejemplo existe la danza de los millones para un presupuesto que no acaba por entenderse y cifras no identificables de pendientes en gastos, tanto en los Institutos nacional y estatales de las Mujeres y las áreas de desarrollo social, en todos los gobiernos.

Mi maestra en feminismo diría que en 2010 se profundizó la simulación en política de género y se nos ha llenado la cabeza no de promesas, como antes, sino de mentiras y ocultamientos.

El asesinato de Marisela Escobedo, el 16 de diciembre, nos cimbró. Hoy sabemos que su familia emigró y como le dijo a Felipe Calderón la ex magistrada y ex fiscal Alicia Elena Pérez Duarte, el remedio no son las palabras y los supuestos de política pública, sino el hecho definitivo de la impunidad y el encubrimiento. Ahora caen por su propio peso las ineficacias y la parálisis frente al feminicidio.

Los avances, de parte de la autoridad nulos.

En cambio y a pesar de las pocas mujeres al poder, que hacen lo suyo con gran energía y muchas eficacias, nacemos al nuevo año con nuestros corazones que anidan un chorro de ánimos.

En 2010 la movilización de las mujeres organizadas fue infinita, durante todo el año estuvieron en la denuncia y el seguimiento de cada caso.

En cada rincón del país hubo mujeres denunciando y poniendo el dedo en el renglón, para señalar los efectos de las desgracias ambientales, de la violencia que nos circunda, de los dardos de la derecha, de la injusticia contra nuestros cuerpos y a favor de la vida; de esas mujeres que van a diario a la morgue, de las que sufren violencia o muerte anticipada por parir; de las que fueron perseguidas y reprimidas, por las que vieron disminuir sus recursos y derechos laborales, por las que deambulan en las calles sin destino; por aquéllas desoídas en el Congreso, por las que pelean sus derechos en los partidos políticos. Todas a una, en el Encuentro Feminista de Zacatecas, este año aciago y difícil, por conseguir que los militares sean juzgados por las leyes civiles, como debe ser.

También aquéllas que en 2010 hicieron diagnósticos para los nuevos gobiernos, como el de Puebla y Oaxaca, que estuvieron en pie de lucha y tal vez este halo de luz pueda endulzar nuestros afanes para el 2011, en que se celebrará el segundo encuentro del Pacto Nacional por la Vida, la Libertad y los Derechos de las Mujeres, en febrero venidero, luego de constatar que hay presas por aborto, defensoras de los derechos perseguidas y concitar una renovada energía para atajar los agravios.

De esta forma transcurrimos un año más, el número 40 desde el comienzo del nuevo feminismo.

El número 20 desde que en Pekín, China los gobiernos prometieron avances.

Frente a los 31 años desde que se decretó una Convención Internacional contra todas las Formas de Discriminación para las Mujeres y

16 años desde que se dictó programa, agenda y compromisos para desterrar de América la Violencia contra las Mujeres.

No es poco lo que nos espera y no ha sido poco lo que se ha vivido en un año tan fatídico y violento.

La muerte inútil y bárbara de Marisela Escobedo nos hará una nueva compañía, nos obliga a pedir rendición de cuentas, a condicionar nuestros quehaceres y votos políticos, nuestras complicidades para ir hacia adelante, que ya es tiempo, luego de tres generaciones de feministas.

Es hora de levantar el vuelo para tomar un poco de miel en la florida primavera que llegará de todos modos y dejar enterrada toda la hiel que nos acosa.

Con todo, 2011 es la renovación energética y otra vez la esperanza.

saralovera@yahoo.com.mx


Palabra de Antígona

Sara Lovera

Mujeres: Estado Excepción

Esta semana se cumplen 62 años desde que la Organización de las Naciones Unidas decretó la Carta Universal de los Derechos Humanos, para garantizar que ninguna persona sobre la tierra sea objeto de discriminación, que goce de los derechos fundamentales, en tanto que los Estados deben velar porque sea así.

Más de medio siglo después Margarita Guillé Tamayo, en su intervención en el Noveno Seminario Internacional sobre Políticas Públicas y Programas en casos de Violencia Familiar de Alto Riesgo, sostuvo que las mexicanas viven en un estado de excepción, porque éste no protege sus derechos fundamentales; que los hogares son de alto riesgo.

Hasta hace muy poco, creíamos que lo que sucede en la intimidad de los hogares era un asunto privado, donde el Estado no debía intervenir. Hay quienes siguen creyendo eso.

La periodista Margarita Guillé, quien hace años dejó su programa de televisión para abrir un refugio para mujeres violentadas en Aguascalientes, dice que no. Que tiene que intervenir el Estado y garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, por supuesto también ahí, en la intimidad de sus casas.

Ella es una voz autorizada en el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento para la Implementación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (conocida como Convención de Belén Do Pará), que en México es Ley Suprema, por lo que tendrían que hacerse muchas cosas desde que México la ratificó en 1981, es decir hace 29 años.

Margarita Guillé, que participó en el Noveno Seminario Internacional organizado por la sociedad civil y el Gobierno del Distrito Federal, dijo que por su experiencia puede afirmar que todavía en miles de hogares mexicanos se sigue creyendo que las mujeres no tienen derechos y se las usa, abusa y desecha como si no fueran humanas.

Ahora se discute cómo intervenir o qué hacer; existen contradicciones: los Refugios de Mujeres ¿son solamente medidas emergentes? o tienen un fin en sí mismo; cómo deben actuar, organizarse y desarrollarse. ¿Es una política pública o simplemente de contención limitada?

Mientras tanto se sabe que más de mil mujeres son asesinadas en su casa, en su hogar, por quienes -dice la tradición-, debían protegerlas. Esto es 16 mujeres diariamente. Una casa de emergencia, detiene, pero no resuelve, es necesaria e importante, pero puede que se trate de algo estrictamente paliativo.

En el seminario, una de las actividades realizadas en la capital del país dentro de la jornada de los 16 días de activismo para frenar la violencia contra las mujeres, se puso en blanco y negro lo que ya sabemos, pero que es necesario repetir y señalar constantemente: que no se pueden contar sólo a las violentadas, que debe haber un sistema de justicia que las proteja y que debía haber medidas trascendentes para cambiar la idea de hombres y mujeres en la sociedad de que las mujeres valemos menos que los hombres y somos corregibles, castigables y que se nos puede maltratar sin consecuencias.

Organizado por la Dirección General de Igualdad y Diversidad Social del Distrito Federal, en el seminario se hizo un recuento de las políticas, de los modelos de atención, de la mejor forma de sacar de la angustia y la depresión a las violentadas; también de protocolos comunes para acceder a mejores resultados.

Es verdad que hay políticas, como ésta, que incluso hay quienes en el mundo son consideradas súper expertas, que analizan, hacen metodologías y modelos de atención para sacar del círculo de violencia familiar a las mujeres, sin embargo, hace falta el contexto, la visión abarcadora para terminar con este flagelo que parece interminable.

Para muestra pensemos en las cifras rebasan toda imaginación; pensemos en quienes tienen conciencia de esta situación. Mil mujeres asesinadas en México por sus maridos, amantes, parejas, ex parejas, nos habla de una situación sin adjetivos, alarmante y significa que no hemos caminado en la posibilidad de resolver los conflictos de manera pacifica, esos que se anidan en el corazón de la vida cotidiana; en la familia y que se recrean, reafirman y admiten en la vida pública.

Lo grave es que estas políticas son aisladas en la mayoría de los Estados y no existe una discusión nacional y de Estado que haga algo más completo y complejo para parar la violencia.

Se habla de las causas generadoras de este tipo de violencia; siempre se habla de situaciones individuales, alcoholismo, desviaciones, familias disfuncionales, pero no se habla del contexto violento generalizado.

¿Dónde se fomenta? Es fácil, en todas partes desde la cúspide de los poderes, como sucede en México, como pasa en el mundo occidental, en la forma como está normada la familia autoritaria.

La violencia contra las mujeres, las esposas todavía consideraras propiedad de sus maridos; de las mujeres, todas, consideradas propiedad de los hombres se reafirma a través de las instituciones de esta sociedad: el gobierno, la familia, la religión, la escuela y todos los medios de comunicación.

Claro eso fue poco abordado en el Seminario Internacional, porque lo que hacen los Refugios, la casas de Emergencia, los programas o las campañas es querer tapar el sol con un dedo.

Es necesaria una crítica contumaz al sistema que propicia estas situaciones, donde el poder es la divisa y la violencia es la única forma de enfrentar cualquier tipo de conflicto.

Guillé dijo algo valioso: “resultaría más exitoso atacar la violencia familiar que invertir en acciones para combatir el narcotráfico” y es valioso porque lo dijo con el corazón, pero sería insuficiente, si no intentamos rescatar a este país, si no se ponen en práctica medidas democráticas para toda la gama de relaciones sociales, grupales y de pareja.

Lo cierto es que la violencia contra las mujeres cuestiona la calidad democrática de México, por supuesto, y cuestiona todas las firmas que México estampa en uno y otro documento nacional e internacional ¿por qué?

Porque a muy poca gente le importa que mueran 16 mujeres todos los días. Empieza a ser un dato en la estadística y nadie se altera, sobre todo si tenemos 30 mil ejecuciones y si como en Chiapas, por poner un ejemplo, la Fiscalía de Delitos Contra las Mujeres recibió 60 mil quejas de violencia contra las mujeres, pero sólo hay un porcentaje mínimo de consignaciones a los responsables.

El hogar, si duda, es un espacio de impunidad donde más delitos se cometen, como se dijo en el Seminario, pero paradójicamente, 94 por ciento de la población piensa que es el espacio más confiable, ese de afecto y crecimiento personal.

Los refugios, son como una acción emergente, como lo eran en La Colonia los Recogimientos de Mujeres en los que se daba acogida a las solteras, huérfanas, viudas y repudiadas por sus maridos, pero 200 años después no hemos podido hacer justicia. Se las refugia, como a los y las migrantes; como ahora se hará una casa de refugio para periodistas perseguidos, pero no vemos voluntad para ir a la raíz del problema. No sé cómo tendría que hacer.

Mientras tanto reuniones como la descrita, permiten hacerse cargo y tomar conciencia del tamaño del problema, sin duda, y por lo pronto se analizó ahí como unificar criterios para atender a las mujeres violentadas, rescatarlas de su profunda depresión y, en muchos casos, de su desesperación y falta de apoyo.

Como muestra del problema se reveló que tan sólo en 2009 en la Ciudad de México, fueron atendidas 427 personas por violencia familiar de alto riesgo en el Sistema de Atención y Prevención de la Violencia Familiar y entre las asesinadas en el Distrito Federal dos terceras fueron asesinadas por sus maridos, novios, hermanos, amigos, familiares y otro tipo de parientes.

Recuerdo que en los años 70 ese fue el descubrimiento de las feministas, aunque no había tantos estudios, pero todavía la derecha defiende a la familia tradicional, jerárquica, autoritaria, diciendo eso que se dice en las encuestas, que los hogares son los sitios maravillosos, donde las mujeres son fundamentales, aunque sean víctimas cotidianas.

Es probable que se tenga que hacer una crítica profunda, desarrollar políticas públicas y otras acciones que permitan poner en la picota a ese tipo de familia, donde las mujeres somos agredidas reales no ficticias. Y de paso se vea que todo el contexto justifica esta situación.

saralovera@yahoo.com.mx

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